Ir al contenido principal

¿Contamos hasta diez?


Cierra los ojos, respira y relajate. Bien. Quiero que sientas mis labios, están húmedos y se amoldan perfectamente a tu glande. Bajo despacio el prepucio, lento, sin que mi lengua la toque aun. Una vez abajo, mientras te miro y acaricio el escroto, subo absorbiendo. Ahora si, vuelvo a bajar, pero esta vez notaras algo caliente, es mi lengua pasando por tu tronco de forma circular. Sigo bajando hasta notarla en la campanilla, hasta que me sale una pequeña arcada. Subo, te escupo, y juego mientras la saliva se va depositando en ti. Te paso mi lengua por la punta, pero esta vez mostrándote mi piercing. ¿Cosquillas verdad?. Te vuelvo a mirar, pero esta vez con mi sonrisa picarona. Noto como te vas excitando cada vez más, por lo que optare por absorber con fuerza mientras te hago una paja al compás. Mmm… Ya noto tu líquido prepararse. Dejo mis manos quietas, quiero acabar solo con mi boca. La rapidez es ahora mi gran aliado. Uno, dos, tres… Me doy golpecitos en la cara. Cuatro, cinco, seis… Aguanto la respiración y juego con mi garganta. Siete, ocho, nueve… Me aguanto las arcadas, estás a punto, la noto palpitar. Diez… Tu semen se desliza por mi garganta.

- A.C

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una carta para Matteo

Hace catorce años me dieron una noticia que marcó mucho el miedo al no poder ser madre. Para los médicos, mi cuerpo no estaba preparado para serlo. Problemas hormonales, sobrepeso que era imposible de mejorar, numerosos quistes en los ovarios, entre otras cosas. Hoy en día esto no es problema, muchas mujeres padecen problemas de este tipo incluso mucho más graves que lo mío . Pero hablo de mí , de mi experiencia y de mis miedos. Pasé una adolescencia complicada, viendo especialistas e intentando por miles de tratamientos poder sentirme como una mujer “normal”. Poco a poco fui entendiendo mi problema e intenté mentalizarme para cuando llegase el día en el que comenzase a cumplir uno de mis mayores sueños, no fuera tan chocante la palabra ‘tiempo’. Hace poco más de cuatro años y medio conocí a un hombre maravilloso, tu padre. Tengo que confesarte que nunca me imaginaría lo que iba a suceder entre nosotros. Empezamos como dos completos desconocidos, superando una pandemia mundial sin ...

Pensamientos grises.

Miro a mi alrededor, hacia la izquierda personas grises, apagadas por circunstancias no muy favorables que le ofrece la vida y hacia mi derecha, personas llenas de color, las cuales desprenden una gama inmensa de colores mostrando su felicidad plena. O tal vez, ¿felicidad que quieren que los demás veamos?.  Estas visualizaciones sobre la felicidad o infelicidad hace mucho que me ronda por mi mente. ¿En qué rango he de posicionarme? ¿Soy realmente feliz? ¿Qué cosa o cosas hacen que lo sea mas o menos? ¿me sobrecargo con pensamientos de futuro? ¿Tengo que vivir el presente? ¿Tengo lo que merezco o puedo/debo aspirar a más? ¿Me siento completa conmigo misma? Un sin fin de preguntas que me inundan día tras día.  Tengo una familia que me adora, un trabajo que sostiene mis gastos, una vivienda, que aunque no sea de propiedad, mantiene mi independencia, una pareja que me quiere, unas amigas que valen oro. ¿Por qué me ahogo?  A veces me respondo sola, y es que sé que solo vivo pa...

Cohibida diosa.

Con tan solo el roce de mis labios deslizándose por sus pliegues intuyo la humedad que estos generan en su interior. Aún no quiero probar su sabor. Quiero hacerla suspirar. El silencio se apodera de la habitación, rompiéndose con su respiración agitada al hundirme en los placeres escondidos de su cuerpo. Con ternura, y a la vez dureza en mi mirada, cojo cada una de sus manos y las llevo por encima de su cabeza, atándolas con mi cinturón. La beso. Me regala una sonrisa pícara. Presiente y se pone nerviosa. Le gusta. Le gusto. Mi beso corto le dejan con ganas de más. No te preocupes nena, te daré todo lo que nunca te atreviste a pedir. Deslizo mi nariz por su cuello, su aroma es especial, pero ahora solo me detengo en su respiración. Es la culpable de hacerme saber el que sí, y el que no. Le muerdo flojo. Se estremece. Bien. Ahora muerdo más fuerte, apretando sobre su muslo el gran regalo que le espera, y lamo una fina línea imaginaria que llega hasta su oído. - ¿Te gusta?- Le pregunto s...